January 2011
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laisser parler a la musique
El lunes desperté al borde de las lágrimas. Tuve un sueño horrible: como buena ñoña, soñaba que iba a la escuela junto con varios compañeros. Al llegar al lugar donde deberíamos bajarnos noto que nadie tiene la intención de hacerlo así que pregunto: no habría clases y todos se habían puesto de acuerdo para irse a divertir a otro lado. Yo caí de sorpresa y varios estaban incómodos, pues no había sido invitada, entonces pregunté a una amiga cercana si podía ir, y más de a huevos que de gana me dijo que sí.
Llegamos al lugar, traté de integrarme pero sentía ese ambiente tenso de cuando el colado está más alegre que ni los invitados. Quise ayudar y fui a comprar no se qué producto (para entonces, yo, dormida, ya estaba llorando). Estaba bajando la calle y en eso un auto arrolla a mis compañeros. ÉL es el más herido, corro para ver si están bien y lo veo golpeado, quejándose pero siempre sonriendo. Me acerco para ayudarle y me avienta: “estoy bien” sonríe y me dice que me aleje.
Lloré despierta toda la mañana.
No es de gatos despertar así.
Y volver, volver, volver… porque escribir me permite desahogarme, a pesar de que nadie me lee y sobre todo, a nadie le interesa (o debería) porque aquí no hago historiografía, sólo textos al azar.
Así es como deben quedar.