August 2011
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n. the imaginary committee of elders that keeps a running log of your mistakes, steadily building their case that you’re secretly a fraud, a coward, a doofus and a douche, and who would’ve successfully revoked your good fortune years ago had they not been hampered by bitter squabblings over grammar and spelling.
Ayer sábado se me ocurrió ver qué pasaba en mi TL tuiteril y justo entro y me entero de la balacera en Torreón. Busqué algún link y con indignación veía lo que ocurría. Tenía media hora de haber pasado la balacera cuando supe que habían asaltado una tienda de abarrotes que conozco, al lado de donde yo estaba en ese momento.
Se trata de una tienda de abarrotes pequeña. La maneja una pareja joven que tienen un niño adorable de como cinco años.
La historia que nos contaron fue así: dentro de la tienda estaban un par de chicos metaleros, unos chavitos (hombre y mujer) que “trabajan” al enfrente y un cliente más. Dos tipos (uno gordo y flaco) se estacionaron frente a la tienda y bajaron a comprar. Agarraron tres paletas de helado “Holanda”, esperaron a que los metaleros acabaran de pagar y se fueran. El gordo se acercó al mostrador, puso las paletas y su compañero dijo “ah, me faltaron unas ‘Barritas’”, las tomó y se fue para atrás. El tendero comenzó a pasar por el scanner la primer paleta cuando el tipo gordo, al frente sacó de su mochila una pistola.
Los tres clientes varones de la tienda pronto pensaron cómo reaccionar: el gordo se veía nervioso, el otro, enclenque. Con las pistolas afuera todos se paralizaron. El gordo dijo “ah, ¿no me crees? no son de juguete” y cortó casquillo. En ese momento se notó que además de nervioso era un pendejo porque la bala se cayó de la pistola. El vecino de enfrente pensó en atacarlo, pero notó que el otro cliente sí estaba siendo encañonado por el ratero flaco, que parecía conocedor del asunto.
Cuando se cayó la bala, el gordo se agachó a buscarla, nadie supo si la encontró o no pero al final, decidió llevarse al dueño a la parte trasera de la tienda. Allá estaban comiendo su esposa y su sobrino (quien apenas era su segundo día ayudándoles); el niño, gracias al Gran Gato, no estaba. La sorpresa y rapidez hizo que no pudieran hacer nada. El gordo dijo “tranquilo, tranquilo, sólo déjame hacer mi chamba”. Sacó lo que había en la caja, tomó las paletas y las galletas y se fueron.
Corrieron hacia el auto. Inmediatamente después, el dueño de la tienda sale tras de ellos, sube a su moto y comenzó el intento de persecución. Se buscaba un automóvil coutlass o celebrity (no supieron distinguir bien) rojo oscuro, tonalidad como tinto, según alguna descripción.
Se llamó a la patrulla que llegó rápidamente. Se movilizó a todo mundo y los vecinos pronto buscamos la forma de ayudar. El chico de enfrente estaba enojado y frustrado ante su impotencia, el otro cliente, sacado de onda; el dueño de la tienda fúrico y todos los demás asustados.
Pasó el rato mientras el tendero pensaba si ir a poner la denuncia o no. Los polis nos contaron que hay una banda que se dedica a atracar tiendas y que incluso hay una que se dedica a estéticas; incluso, acaban de agarrar a unos ladronzuelos que asaltaron otra tienda sobre la avenida Cuauhtémoc. El abarrotero no vio caso seguir con la demanda, pero se promovió la posibilidad de reunir a los dueños de locales para crear una especie de grupo de auxilio en estas situaciones.
Si ven mi TL de ayer, estaba triste, muy triste por la situación en el país. Pensando en cómo el narco nos invade y cómo las autoridades parecen cegarse ante la situación. Enojada por la apatía, por la burla de todos ante “mientras a mí no me pase nada”. Todos esos sentimientos mientras a un lado mío asaltaban a quienes generan empleo. A una familia joven que neta, le está echando un chingo de ganas a su negocio.
Vivimos tristes, cediendo espacios a la violencia y nuestras pertenencias a quienes creen que “chambear” es quitarle al otro lo que ha ganado. Vivimos tristes, a la expectativa y con la resignación del “algún día nos va a tocar”. Vivimos tristes, porque sabemos que tenemos que tirarnos al suelo cuando oímos cualquier cosa que suene a un balazo. NO, las cosas no deben ser así: las cosas NO deberían ser así. Vivimos en la violencia y lo estamos aceptando.
Ayer me pareció que no vivíamos solos, como dijo el poeta Bartolomé hace unos días. Me parece que nos acompañamos en esta angustia y en esta resignación, pero la vivimos en silencio. Estamos tristes y silenciosos.