Sólo dos veces me he peleado a golpes en la vida. La primera fue con quien al final, resultó mi mejor amiga en la primaria. Ella insistía que todos los que trabajaban en la presidencia municipal eran unos ladrones y yo salté a defender el honor de mi madre, secretaria del tesorero del ayuntamiento. La maestra nos separó y las dos terminamos riéndonos del hecho.
La segunda ocasión fue porque un niño de mi grupo (iba yo en cuarto año) se enteró que era chilanga. A la salida, me alcanzó y me jaló la mochila. Me la quitó. Comenzaron los golpes, yo defendiéndome y él gritándome: ¡Vete, chilanga!. Pensándolo bien, mas que trancazos, fueron jaloneos, empujones y alguna otra manotada. Mi madre me vio llegar toda despeinada, llena de tierra y enojada; además me habían quitado mi mochila. Me hizo prometer que ya no diría que era del Distrito Federal y traté de hacerlo pasar desapercibido.
Sucede que mi hermano y yo fuimos de los chilangos emigrados a causa del sismo de 1985. Llegamos a Aguascalientes en diciembre de ese mismo año y siendo los dos tan pequeños (mi hermano apenas tenía meses) no sentimos mucho la diferencia.
Los choques reales comenzaron cuando yo entré a la primaria y tras ese enfrentamiento con el niño. Era común para mí tratar de evitar que mi acta de nacimiento pasara a manos de mis compañeros o hacer público el lugar donde nací. Cuando ya era adolescente, si bien no había enfrentamientos, siempre estaba quién hacía el irónico comentario “¿así que eres chilanga? ¿debo cuidar mi cartera? ¿Cómo dicen ustedes: ‘chale’, ‘iras m’nito’?” y así hasta el cansancio.
Dejó de ser gracioso a los pocos años. Yo me sentía (y me siento) parte de Aguascalientes, pero no faltó el que decía que qué tenía que hacer yo allá. Quién me reclamó por que quería ser parte del grupo que bailaría “Pelea de gallos”, pues “qué iba a saber yo de lo que era ser hidrocálida”. No era ni de aquí, ni de allá. Total, que ni quería ser reina de la feria (título por el que no puedes competir si no naciste en Aguascalientes). Fuera de la pelea y uno que otro prejuicio, por lo menos no me aplicaron el “haz patria, mata un chilango”.
Muy probablemente esa era una de las razones por la que siempre quise venirme a vivir al DF. Era mi tierra y como dice mi PapaChente “La tierra llama”. El DF es esa tierra prometida llena de libertades y de actitudes progresistas. Nada de que si ya tenes 25 años y no estás casada o con hijos, ya te quedaste. Nada de doble moral. El DF tiene todo: vida de noche, vida cultural… vida plena.
Se me cumplió el deseo y me mudé al DF. Y acá, no dejo de ser la chica de provincia que se emociona siempre que se sube al metro y se impresiona cada que ve la torre Latinoamericana. Soy quien por primera vez en su vida le han robado dos veces (y las dos, iPods), ahora vive frente a las putas (en Aguas están en la zona roja) y pasaría sin bronca por cualquier colonia y calle peligrosa porque estoy acostumbrada a la seguridad de mi pueblo. Soy totalmente un pichón.
Acá, soy rara porque discuto que las quesadillas deben tener queso. Me asombra que haya venta de alcohol después de las 10 de la noche y que tengamos que perseguir al camión de la basura. No me acostumbro a los lácteos sin sabor y a los altos precios en el alquiler. No sé cómo pueden manejar tan aceleradamente, tampoco entiendo esa afición por mofarse de lo que no conocen, es decir, la provincia.
Hoy, mi credencial del IFE dice que vivo en el DF. Se pone a tono con esa acta de nacimiento que tanto escondí en la primaria. Hoy supondría que vuelvo a mi matria. Traigan los tacos de suadero y las quesadillas (sin queso) de huitlacoche para festejar. O vámonos al salón Corona por unas tortas. Vamos a celebrar a la Zona Rosa, a la Condechi o a tomar un café en el Jarocho de Coyoacán.

Volver, que 27 años no son nada, por que total, no soy de aquí, ni de allá.
PD 1: el niño con el que me peleé también se convirtió en uno de mis mejores y más entrañables amigos.
PD 2: todo esto me hace creer que puede ser la razón por la que escogí estudiar migración.
PD 3: DF, I love you. Aguascalientes, te quiero un chingo :)
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