Nombre: LIBROCO
Me acordé de Coroco, el primer mundo que visité. Recordé que los árboles me habían pedido que les ayudara a viajar. Eso me hizo acordarme de que tenía que hacer algo con las semillas que he venido cargando en todo el viaje. Pero primero, lo primero, después de muchos intentos, aparecí en Coroco. Saludé a mis amigos los árboles. Ellos me reconocieron y me preguntaron por sus hijas semillas. Yo les dije que estaban bien y para cambia el tema rápido les dije que tenía una sorpresa para ellos. Como la curiosidad les ganó, me enseñaron la puerta escondida sin ninguna prueba ni pregunta.
Usé la puerta para entrar a Libroe, el mundo donde hay libros que te acorralan para contarte todo lo que hay escrito en ellos. Dejé la puerta abierta y esperé a que llegaran volando. No tardaron mucho; en cuanto hubo treinta o cincuenta libros hablando sin parar, hice que me siguieran a través de la puerta. Cuando la crucé, me tiré al suelo. Los libros pasaron sobre mí y cada uno chocó con un árbol.
Por un momento se callaron, confundidos, pero un árbol les pareció un buen escucha, así que comenzaron su lectura desde el principio.
- Con esto podrán viajar! - les grité a los árboles que dejaron car un coco con la palabra grazias escrita […]
Lo que me pareció uno de los pasajes más bellos de Llaves a otros mundos, escrito por @pispiration
Pablo Mata Olay, Llaves a otros mundos, Ediciones SM, México, 2010, pp. 109-110.
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