Trabajé por varios años en una prepa del Tec de Monterrey, institución en la que es común ver a los alumnos cargados de gadgets, calculadoras y computadoras bastante caras. En mi penúltimo semestre, no sé qué sucedió, que comenzaron a “perderse” varios aparatos, el colmo ya fue cuando se robaron una laptop. El asunto se puso grave, porque ya era algo con cierta frecuencia, que mandaron llamar a los papas de los chicos para ver qué se podía hacer.
En alguna plática al respecto, alguien comentó (no recuerdo quién) que qué importaba si perdían o les robaban esos “aparatitos”: al día siguiente o a más tardar a la semana, tendrían otro y no habría pasado nada más.
El comentario salió a partir de lo que creemos que son estos estudiantes: chicos ricos que compran una BlackBerry como si fueran chicles. El asunto es que la gran mayoría de ellos eran becados a cuyos padres les tocó pagar las dos o tres calculadoras o celulares que tenían que reponer.
El jueves, en un descuido de un minuto, yo perdí mi Ipod touch que acababa de comprar con mucho esfuerzo. Como me habían robado el anterior, decidí a este ponerle todas las medidas de seguridad posibles: mi correo electrónico grabado, un software para localizarlo, etc. Este escaso tiempo que lo tuve lo cuidé con especial cuidado y siempre lo traía checado, por eso me resulta extraño mi descuido.
El chiste es que todavía ayer tenía la esperanza de localizarlo y que alguien me lo devolviera. Ayer en la tarde, el software localizó mi ipod en una colonia de Xochimilco y procedió a mandarle mis mensajes con mi mail (otra vez) y con aviso de recompensa. Quien lo tenga jamás respondió.
Eso me dolió: reconozco que si yo tuve el descuido, la persona que lo haya encontrado pudo haberlo devuelto. Se me perdió en una institución de mucho prestigio y donde había espacios para entregarlo sin miedo a ser juzgado. Ayer que me dí cuenta que no me devolverían el ipod (e incluso, casi aseguro que lo van a vender en piezas porque está grabado), mi tristeza se tornó en rabia.
Me sentí como mis alumnos a los que les robaron celulares, palms, ipods, calculadoras y laptops. Creo que la persona que lo tomó, no sólo vio la oportunidad de ganar dinero sino que dijo: si se compró uno, se puede comprar otro. No sabe cuanto ahorré para poder tener uno, no sabe que seguiré pagándolo. Que también yo como muchos alumnos del tec, soy becada y que para mí, esto no era un lujo, era un premio. ¿Es superficial? seguramente, pero para mí tenía un significado que no era presunción ni distinción, ni nada de lo que Bourdieu quiera decir. Sólo quería darme un puto lujo en la vida.
¿Qué quieren que les diga? lloré de impotencia.
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